- Estaba cansada de hablar con una cebolla. No me dejaba pelarla y solo me hacía llorar.
Traté de desnudarla, capa a capa, lagrima a lagrima, pero aquella jodida verdura consiguió deshidratarme. ¿Valieron la pena tantas lagrimas por una simple cebolla? Lo más probable es que no. Pero ¿acaso las verduras no tienen sentimientos? ¿es que no merecen también ser escuchadas?
(En realidad esa no se merece que nadie la libere de todas esas pesadas capas que la aislan del resto del mundo, aunque, qué coño, you get more fun within your shell).
Al final tiré la cebolla por la ventana. No pretendía destrozarla (además era una cebolla muy dura y a penas notó el impacto. A veces pienso que la que se tiró por la ventana fui yo porque a mí sí que me dolió la caída), sino alejarla de mi. Y como la idiota que soy, sigo asomandome para comprobar que sigue en buen estado. Con todas sus capas en su sitio.
miércoles, 1 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminaresque una cebolla sin capas no es cebolla,
ResponderEliminarasique debe conservar siempre todas sus capas
!
La cebolla es una hortaliza no?
ResponderEliminarAún así no me gustan las cebollas...con tantas capas. Prueba otra cosa.