¿Hasta cuando escribiré sobre el pasado? Supongo que en mi búsqueda de mi misma no puedo evitar recordarlo, volver una y otra vez a él, ya que nuestro pasado es lo que nos hace ser como somos.
Cuando un periodo de tiempo nos marca demasiado, puede que haya dos caminos a seguir:
El primero es olvidarlo, seguir adelante, pasar página, borrón y cuenta nueva.
El segundo, pararse, no volver atrás, sino echar un vistazo desde la distancia, analizarlo, diagnosticarlo y aceptarlo.
Yo he tratado de olvidarlo. Seguir adelante. Pero algo me sujeta a ello, y me hace darme la vuelta. Ahora se que nunca podré desengancharme de él. Pero creo que estoy lo suficientemente lejos para proceder a seguir por el segundo camino. Y eso hago.
Ahora te miro a ti y...
Eras una pieza del motor. Quizá no la principal, pero eras indispensable en él. Eras una luz en mi oscuridad (Oh! Si.) Pero es que es cierto que poco a poco dejé de ver. Y llegabas tú. Me mirabas. El mejor momento del día. Casi la única razón que me quedaba para levantarme todos los dias y salir de mi casa. Y te ibas otra vez.
Asi durante aproximadamente 9 meses. Te fuiste alejando... y yo empeoraba, caía. Hasta que ya no estabas. Pero mi mal se alejaba al mismo tiempo. Llegaron las vacaciones. Me quedé atrapada en el hoyo, pero al menos ya no seguía cayendo, y si miraba hacia arriba, podía ver el exterior. Cerraba los ojos e imaginaba que estaba fuera. Sonreí. Disfruté. Acabó el verano y abrí los ojos. Ahí estaba otra vez, en el hoyo. A menudo cerraba los ojos tratando de imaginar que estaba fuera, como antes. Pero ya no funcionaba, aquella oscuridad había vuelto, y aunque ya no me afectaba tanto, tu ya no estabas. La balanza se había desequilibrado.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario